divendres, 9 de juliol de 2010

Un llibre sobre l'Heraldo i els Busquets

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Todavía está el pueblo de Melilla bajo la impresión de los primeros momentos de pánico, aquellos en que se creía que los rebeldes entraban a saco en la plaza. Las calles, desiertas, dan un aspecto tristón a la ciudad. Sólo en el interior de alguna tienda de indio o hebreo, que permanece abierta, y en tal o cual discreto zaguán, los menos temerosos se hacen lenguas de lo ocurrido en Annual  e Igueriben, del levantamiento de todas las cabilas del Rif  y de Guelaya, de la desapatrición o muerte del comandante general Fernández Silvestre.
Se espera con vivísima inquietud e impaciencia a las tropas que llegarán pronto para defenderles de la sublevación morisca. Horas angustiosas, de terribles incertidumbres...
¿Tardarán mucho en venir los primeros soldados? Es la pregunta de unos y otros. Los que callan, refléjanla en los ojos. !Tal es el ansiedad de todos!

Es la pluma de Alfredo Cabanillas, un periodista que con 27 años fue el enviado especial de Heraldo de Madrid al protectorado español del Rif para cubrir la insurgencia local que acabaría con el llamado Desastre de Annual, en verano de 1921.
Era su primera asignación en el periódico, pues había sido admitido unos meses antes tras pasar algunas pruebas dispuestas por el director, José Rocamora. Las crónicas desde Marruecos fueron luego agrupadas en un libro que se publicó con el título La epopeya del soldado, recientemente recuperado por la Fundación Niceto Alcalá Zamora. 
El periódico al que se incorporaba Cabanillas había llegado a su punto más bajo en la larga decadencia que sufría desde años atrás. Las deudas acumuladas sumaban más de dos millones de pesetas y uno de los principales acreedores era una sociedad de Barcelona que suministraba tinta a los periódicos, Busquets Hermanos.
El hombre de negocios que era Manuel Busquets supo ver la oportunidad que se presentaba para dar alas a su inquietud por la prensa que ya había nacido en los tiempos de Pluma y Lápiz y se había confirmado con la participación en El Diluvio.
Busquets buscó consejo en su abogado de cabecera, Amadeu Hurtado, al que encargó un estudio de viabilidad de la operación. Hurtado era en aquel momento el decano del colegio de abogados de Barcelona y, según explica en sus memorias, en un principio se mostró reticente por la carga de trabajo que soportaba.
Pero el mismo estudio del caso fue entusiasmándole al tiempo que crecía una visión política de la operación. La propiedad catalana de un importante grupo de periódicos con sede en Madrid podía aportar una visión distinta a la tradicional de la capital española. Es más, en años anteriores, los periódicos del trust de Moya se habían distinguido por su beligerancia contra Cataluña, por lo que la ocasión de tomar dominio de ellos tenía un aire de revancha. Hurtado resumió su pensamiento en una sola frase:
- No se trata de ir a hacer catalanismo a Madrid como si estuviéramos en Barcelona, sino intervenir en la vida pública española pensando en catalán.


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