diumenge, 30 d’octubre de 2011

Lo que faltaba de Chaves Nogales

María Isabel Cintas acaba de publicar su biografía sobre Chaves Nogales, que fue premio Antonio Domínguez Ortiz de la Fundación José Manuel Lara. La catedrática de enseñanza secundaria de Sevilla pone así una joya en la obra que ha llevado a cabo recuperando la figura del periodista sevillano. Desde los estudios especializados, la publicación de la obra completa de Chaves Nogales y la edición de algunos de sus textos en la editorial Renacimiento, la actividad de Cintas es reconocida por todos los amantes del fenómeno Chaves, que alcanza a las librerías con las reediciones que también lleva a cabo Libros del Asteroide.
Manuel Chaves Nogales fue el redactor jefe de Heraldo de Madrid que acompañó a Manuel Fontdevila en la dirección del periódico cuando los hermanos Busquets dieron luz verde al relanzamiento del periódico en 1927. Fontdevila tenía una visión moderna del periodismo que primaba el reportaje, la acción y los hechos por encima del comentario adocenado tan habitual en la prensa de la época. Chaves encajaba es este estilo y llevó a cabo iniciativas que pasaron a la historia del periodismo como la vuelta a Europa en avión, que le llevó a visitar la Unión Soviética y escribir una serie de crónicas que, más tarde, se publicaron en forma de libro. Chaves dejó Heraldo en 1930 y pasó a ser subdirector de Ahora, el diario del editor Luis Montiel, donde desarrolló un trabajo de primera linea durante los años de la República. Igual que Fontdevila y otros periodistas republicanos, Chaves salió al exilio en 1937, pasó unos años en París y acabó en Londres, donde murió prematuramente dejando tras si una ingente obra. Su libro más celebrado A sangre y fuego es un conjunto de relatos cortos que denuncian episodios de gran crueldad durante la guerra civil ocurridos en ambos bandos. 
La muerte de Chaves en el exilio le relegó al olvido durante  muchos años, hasta que María Isabel Cintas puso el empeño de recuperar su figura.Al parecer, hay que tener una tenacidad a prueba de bombas para alcanzar lo que otros consiguen con la simple inercia de un nombre como Hemingway o Robert Capa. Las fotografías de Díaz Casariego todavía están enterradas en el Ayuntamiento de Madrid, Fontdevila es un fantasma, Heraldo de Madrid un desconocido, queda mucho por hacer.