dissabte, 23 de juliol de 2011

Juan G. Olmedilla y el general Miaja


Juan González Olmedilla nació en Sevilla en 1895. En Madrid trabajó como redactor para el diario Figaro,  Excelsior y colaboró en multitud de publicaciones. En 1924 entró a formar parte de la redacción de Heraldo de Madrid, en la que continuó hasta su salida de España durante la guerra civil. Narrador, traductor y poeta, cultivó el género galante en sus escritos, que incluyeron temas lésbicos. Como periodista, Olmedilla trató temas políticos e hizo crítica teatral. En su expediente de la asociación de la prensa se consigna el cargo de jefe de información política de Heraldo de Madrid en 1934. Durante la guerra cubrió el frente de Andalucía, donde siguió especialmente la figura del general Miaja, al que dedicó numerosos artículos, que dieron origen a un gran reportaje que se publicó en forma de folleto. Lo escribió en Buenos Aires y lo publicó allí la Editorial Madrid en 1937. Durante su exilio en Argentina trabajó para el diario Crítica de Natalio Botana junto al director de Heraldo de Madrid, Manuel Fontdevila y colaboró también en la radio actuando junto al reconocido actor Pedro López Lagar. Su reportaje biográfico sobre Miaja es una pieza de urgencia, desconocida en las bibliotecas españolas. He obtenido una copia electrónica en la Universidad de California, que tiene un importante fondo español en el campus de San Diego. Olmedilla traza algunos rasgos de la personalidad del general más célebre del Ejército republicano, a quien atribuye una actitud abierta ante la prensa. Sin embargo, el autor sí critica la política informativa dels "avestruzaje" que llevaba a cabo la censura en el bando republicano y que convertía la prensa en una lejana imagen de la realidad. El texto es abundante en retórica y alabanzas, pero de vez en cuando asoma un destello narrativo que dibuja la popularidad del general que asumió la defensa de la capital española tras la marcha del gobierno republicano a Valencia. 
Cuando alguna vez el defensor quiso estirar las piernas paseando por las calles de Madrid, siempre se vio a la postre en serio trance, porque el entusiasmo desbordado de la multitud que le rodeaba, abrazándole, estrujándole, le impedía materialmente dar un paso. Los más comedidos no se resignaban a irse sin haber estrechado su mano de hombre cabal; y las mujeres, sin rimel ni carmin ya -famélicas, pero jubilosas- se desgañitaban hasta conseguir, todas ellas, que el general fuera besando uno por uno a sus hijitos, depauperados y astrosos por las privaciones del tenaz asedio inútil. 
El texto completo del libro de Olmedilla está disponible para descarga desde Scribd en el perfil de Gil Toll.