diumenge, 13 d’octubre de 2013

Juan Sánchez Rivera, el articulista que pasó de socialista a franquista


Juan Sánchez Rivera de la Liastra es un personaje olvidado cuya trayectoria merece ser contada porque es desconocida incluso para sus más directos familiares.
Sánchez Rivera era un abogado nacido en Ávila y residente en Madrid con una carrera jurídica que en los años 20 le llevó a la Real Academia de Jurisprudencia, donde defendió tesis democráticas y republicanas. Entonces estaba afiliado al PSOE y todo parecía cuadrar en un país que iba a vivir la proclamación de la II República.
A dos pasos de la Academia, en la misma calle Marqués de Cubas, se encontraba la sede de Heraldo de Madrid. Y allí empezó a publicar sus artículos, que irían creciendo en intensidad durante el vertiginoso 1930, cuando la mayoría del país clamaba el fin de la monarquía.
Así, el 21 de noviembre The New York Times se hacía eco de la suspensión gubernamental de la publicación de Heraldo de Madrid por un artículo de Sánchez Rivera "calculado para incitar a la rebelión". El abogado estuvo detenido durante unas horas. Días antes de las elecciones del 13 de abril de 1931, Sánchez Rivera volvía a la carga con un artículo titulado Lo que será la República, en el que asumía el carácter plebiscitario que el comité republicano quería dar a las elecciones municipales y dibujaba ya un programa de actuaciones. Una de sus ideas constantes es la reivindicación de un reformismo económico nada revolucionario. Cuando en 1932 escribe sobre la reforma agraria afirma que esta debe hacer posible la creación de una nueva clase de pequeños agricultores propietarios en Andalucía que desarrollen una actividad económica capitalista, muy lejos de las colectivizaciones ansiadas por los anarquistas del momento.
El año siguiente, Sánchez Rivera da un paso político hacia la derecha cuando se suma al gobierno radical cedista que surgió de las elecciones de noviembre de 1933. El abogado se convierte en gobernador civil de Burgos y permanece en el cargo hasta las elecciones de 1936. La siguiente noticia que tenemos de él es la aparición de su firma en diversos artículos publicados por ABC de Sevilla en noviembre de 1936, con la guerra ya bien avanzada. Sánchez Rivera hace un llamamiento a los republicanos para sumarse a la rebelión contra un gobierno que entiende dominado por el marxismo.
Tras la contienda, el abogado volvería a sus actividades en la Real Academia de Jurisprudencia donde sus trabajos ya no tendrían el ímpetu político de antaño. Murió en los primeros años 60 y su trayectoria completa fue ocultada por un tupido velo, como la de muchos seguidores de Lerroux que fueron acogidos en la España de Franco, con discreción. 

diumenge, 6 d’octubre de 2013

6 de octubre en Madrid, tiroteos y flamenco con García Lorca

El mes de octubre de 1934 empezó con una grave crisis política, cuando la Ceda de Gil Robles retiró el apoyo al gobierno del radical Samper. Se abría la posibilidad de un gobierno en el que predominara la Ceda, lo que horrorizaba a la izquierda, temerosa del fin de la República como tal. La portada del Heraldo responde a ese momento político.
El día 4 se anunció un nuevo gobierno presidido por el líder radical Alejandro Lerroux y con tres ministerios en manos de la Ceda. Los socialistas convocaron huelga general inmediatamente y el periódico interrumpió su publicación. Asturias se destacaría en el seguimiento de la huelga iniciando uno de los episodios más significativos de aquellos años.
El día 6 de octubre, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamaba el Estado catalán en el marco de una República federal. Su acto político fue contestado con la represión militar del gobierno español.
En Madrid, la situación distaba de ser tranquila. El relato que nos llega a través del testimonio inédito del periodista Carlos Sampelayo narra como en la redacción de Heraldo de Madrid los periodistas andaban a gachas para evitar las balas perdidas o intencionadas de los pacos que dominaban las azoteas de la ciudad.
Esa noche, los periodistas no volvieron a sus casas con normalidad por miedo a la violencia creciente. Decidieron refugiarse en el restaurante Barrachina, cercano al periódico, en compañía de Federico García Lorca y Carranque de los Rios habituales de la redacción de Heraldo de Madrid. Siguieron por radio los acontecimientos de Barcelona, escucharon recitar a Federico y se solazaron con la actuación de un grupo flamenco que se había unido al grupo. Al alba abandonaron el local y anduvieron un buen rato con los brazos en alto, como muchos madrileños hacían para indicar a los violentos su no beligerancia. Nadie resultó herido.